Ver todo tipo de desastres suceder uno tras otro,que usted se ha dado cuenta de que esto es el cumplimiento de las profecías del regreso del Señor, y está esperando con mayor ansiedad que el Señor venga en una nube. Pero si ha notado que las Escrituras sobre el regreso del Señor profetizan que Él no sólo regresará públicamente sobre nubes, sino también vendrá encarnado secretamente como el Hijo del hombre, tal como: “He aquí, vengo como ladrón […]” (Apocalipsis 16:15). “Por eso, también vosotros estad preparados, porque a la hora que no pensáis vendrá el Hijo del Hombre” (Mateo 24:44). “Porque así como el relámpago sale del oriente y resplandece hasta el occidente, así será la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24:27). Estas profecías mencionan que “vengo como ladrón”, “así será la venida del Hijo del Hombre” y “vendrá el Hijo del Hombre”. Las palabras “vengo como ladrón” significan que el Señor vendrá en silencio, en secreto, y el Hijo del hombre se refiere a Aquel que nace de un ser humano y tiene la imagen de la gente. Si es un ser espiritual, no se puede llamar el Hijo del hombre. Por ejemplo, Jehová es el Espíritu y no puede ser llamado el Hijo del hombre; los ángeles son seres espirituales y tampoco se pueden denominar el Hijo del hombre. El Señor Jesús era la carne encarnada por el Espíritu de Dios y podría ser llamado el Hijo del hombre, Cristo. De esto, se puede ver que el Señor vendrá en secreto como el Hijo del hombre por medio de la encarnación.
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¿Qué es la Fe? ¿Cómo podemos desarrollar la verdadera Fe?
¿Qué es la fe? Muchos hermanos y hermanas en el Señor, creen que mientras reconozcamos el nombre de Dios, sigamos leyendo la Biblia, reuniéndonos y orando, y sobre todo, mientras seamos capaces de sacrificarlo todo y trabajar duro, serán creyentes que tengan fe en Dios. De hecho, la verdadera fe significa que cuando nuestra mente y nuestro cuerpo padecen grandes sufrimientos durante una adversidad, aun así no malinterpretamos a Dios ni nos quejamos de Él, sino que le obedecemos y seguimos creyendo en Él y le seguimos.
Dice la Biblia que cuando Abraham tenía 100 años, Jehová Dios le concedió un hijo: Isaac. Cuando Isaac hubo crecido, Dios le pidió a Abraham que lo devolviera. Aunque Abraham estaba muy apenado, estuvo dispuesto a soportar aquel gran dolor y devolverle Isaac a Dios, obedeciendo así lo que Dios había dispuesto, sin poner condiciones. Cuando Abraham alzó el cuchillo para sacrificar a su hijo, Dios vio su verdadero corazón y lo detuvo a tiempo. Y le preparó un holocausto que presentar a Dios. Después de aquello, las siguientes generaciones llamaron a Abraham el padre de la fe.
Job es otro ejemplo. Fue tentado por Satanás. Unos bandidos le robaron su ganado, asesinaron a sus sirvientes, la calamidad cayó sobre sus hijos, unas llagas malignas cubrieron todo su cuerpo y su mujer se reía de él y le pedía que renunciase a Dios. Cuando Job tuvo que enfrentarse a todas estas repentinas desgracias, soportó tanto el dolor físico como el psíquico. Y sin embargo, no se quejó por lo que Jehová Dios le había sacado, sino que dijo: “... Jehová dió, y Jehová quitó: sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:21). Soportó los duros y dió rotundos testimonios de Dios, lo cual avergonzó y derrotó a Satanás. Al ver Dios la fe que Job tenía en Él, lo bendijo doblemente, concediéndole más ganado, ovejas y hermosos hijos. Job murió dichoso, con muchos días a su espalda. Tanto Abraham como Job son modelos de fe, y vale la pena que todos nosotros, los creyentes del Señor, los imitamos.
Aprendemos de los testimonios de Abraham y Job que cuando Dios los bendijo, creyeron que todo lo que el hombre tiene, se lo debe a las bendiciones de Dios, de modo que le dieron las gracias y lo adoraron. Cuando las pruebas de Dios cayeron sobre ellos, aunque no lo entendían y sentían un gran dolor en sus interiores, siguieron obedeciendo a Dios y no se quejaron. Sólo esto es la verdadera fe en Dios, y también es el corazón sincero entregado a Dios. Tal como dicen las palabras de Dios: “¿A qué se refiere la fe? La fe es la creencia genuina y el corazón sincero que los humanos deberían poseer cuando no pueden ver ni tocar algo, cuando la obra de Dios no está en línea con las nociones humanas, cuando está más allá del alcance humano. Esta es la fe de la que hablo. Las personas necesitan fe durante los momentos de dificultad y de refinamiento, y junto a la fe viene el refinamiento. Esto es inextricable”.
Pero entonces, ¿cómo podemos desarrollar la verdadera fe en Dios? Tenemos que experimentar en la práctica y apreciar la obra de Dios en nuestra vida cotidiana. Cuando somos capaces de ver la soberanía de Dios, Sus orquestaciones y lo que dispone para nosotros y Su autoridad y Sus hechos, y cuando a través de ellas logramos un entendimiento genuino de Dios, entonces no importa que la obra de Dios no encaje con nuestras nociones, seguiremos siendo capaces de mantener nuestra fe en Él. Al igual que hizo Job: sólo había oído hablar de Dios, nunca había visto a Dios. Sin embargo, supo conocer la soberanía de Dios y ver la justicia de Dios en todas las cosas. Por ejemplo: la fortuna y el infortunio del hombre, cuánto dinero uno poseería y cuántos hijos uno tendría – sabía que todo ello caía bajo la soberanía de Dios, por mucho que el hombre lo planease o calculase. Vio quiénes eran malvados y por lo tanto castigados por Dios, quiénes tenían un gran corazón y por lo tanto recibían la gracia y la bendición de Dios. Como Job experimentó la soberanía de Dios y Su justicia en su vida, supo entender a Dios y desarrolló una verdadera fe en Él, sin pedirle nada, y pensó que lo que tenía que hacer era aceptar y obedecer los designios de Dios. Cuando las tentaciones de Satanás recayeron sobre él, a pesar de encontrarse en una situación miserable, supo ver que todas las cosas de las que había disfrutado, habían venido de Dios y no a través de su propio trabajo duro, y que si Dios quería quitárselas, no debería quejarse de ello o malinterpretar a Dios, sino obedecerle. Y fue así que Job dio un testimonio rotundo de Dios ante Satanás y que Dios lo aceptó.
Por lo tanto, si queremos desarrollar la verdadera fe en Dios tal como hicieron Abraham y Job, debemos experimentar la obra de Dios en nuestra vida cotidiana. Sólo cuando hayamos experimentado la guía, el apoyo, la ayuda, el castigo y la disciplina de Dios, y hayamos entendido que lo que Dios hace en nosotros es todo Su amor y nuestra salvación, obtendremos un verdadero entendimiento de Él, apreciaremos Su omnipotencia y Su sabiduría y, lo que es más, sabremos que Su carácter justo es inviolable por el hombre. Cuando llegue ese momento, tendremos un corazón reverente de Dios y por lo tanto desarrollaremos la verdadera fe en Dios.
(Traducido del original en inglés al español por Eva Trillo)
Para conocer más: ¿Qué es la fe en Dios?
¿Qué es adorar a Dios en espíritu y en verdad según la Biblia?
Por Xianxin
El Señor dijo: “Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que le adoren. Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad” (Juan 4:23-24). El Señor requiere que adoremos a Dios en espíritu y en verdad, porque sólo de esa manera podemos ganar Su aprobación. Pero, ¿qué implica exactamente adorar a Dios en espíritu y en verdad? Algunos hermanos y hermanas creen que orar diligentemente y leer la Biblia todos los días es adorar a Dios, y algunas personas creen que asistir a las reuniones a tiempo e ir a la Iglesia cada semana es adorar a Dios, todavía hay otros que creen que trabajar duro, sacrificarse y dedicándose al Señor es adorar a Dios, y así sucesivamente. Hay muchas maneras de practicar la adoración a Dios, pero ¿lo estamos adorando en espíritu y en verdad? ¿Aprecia Dios este tipo de práctica? Vamos a compartir esto juntos.
1. ¿Estamos practicando la verdad, o aferrándonos a reglas y rituales?
Desde el momento en que comenzamos a creer en el Señor, aunque podamos orar, leer la Biblia y cantar himnos todos los días, e ir a la iglesia, alabar al Señor y escuchar sermones cada semana, ¿adorar a Dios en espíritu y en verdad implica sólo estas prácticas externas? Podemos recordar que cuando la mujer samaritana le preguntó al Señor Jesús dónde debía adorar a Dios, y el Señor Jesús respondió: “[...] la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. […] cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que le adoren. Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad” (Juan 4:21, 23-24). El Señor Jesús claramente le dijo a la gente la voluntad y los requisitos de Dios: No importa dónde uno adore a Dios, ni debe seguir ninguna regla o ceremonia, sino más bien uno debe adorar a Dios en espíritu y en verdad. Este es también nuestro principio de práctica para adorar a Dios. Pero la mayoría de las veces sólo centramos nuestro esfuerzo en nuestras prácticas externas; tenemos cuidado de orar un poco más y decir un poco más; leemos versículos en la Biblia una y otra vez, tratando de memorizarlos; asistimos a la iglesia todo el tiempo, haya viento o lluvia, esté caliente o frío; organizamos todo tipo de actividades u organizamos diversos espectáculos para alabar al Señor, y siempre participamos con una actitud positiva; y así sucesivamente. Desde el exterior, parece que estamos realizando mucho esfuerzo y estamos pagando un alto precio para alabar al Señor, y que sufrimos mucho, pero ¿cuántas veces hablamos lo que hay en nuestro corazón cuando oramos a Dios? ¿Cuántas veces durante el tiempo en que leemos la Biblia, cantamos himnos o asistimos a la Iglesia y escuchamos sermones, hacemos esfuerzos para estar cerca de Dios y meditar las palabras del Señor? ¿Cuántas veces, al adorar a Dios, buscamos la voluntad del Señor y comprendemos las palabras del Señor? Algunos hermanos y hermanas han practicado de esta manera durante muchos años, sin embargo, todavía no entienden la verdad, no tienen conocimiento del Señor, y cuando las cosas les suceden, todavía pecan con frecuencia y viven dentro de la esclavitud y las limitaciones del pecado. En esto nos enfrentamos a un problema serio, que es que la mayor parte del tiempo que pasamos orando, leyendo la Biblia, yendo a la Iglesia y escuchando sermones, simplemente estamos pasando yendo con la corriente. En realidad, no estamos adorando a Dios en espíritu y en verdad, ni estamos practicando la verdad para satisfacer a Dios. No importa lo bien que podamos mantener estas prácticas externas, Dios no lo aprueba.
Entonces, ¿cómo podemos adorar a Dios en espíritu y en verdad al orar o leer la Biblia? Leamos un pasaje de las palabras de Dios juntos. Las palabras de Dios dicen: “Una vida espiritual normal es vivir una vida ante Dios. Cuando uno ora, puede acallar su corazón ante Él y, a través de la oración, puede buscar el esclarecimiento del Espíritu Santo, entender las palabras de Dios, y entender la voluntad de Dios. Al comer y beber las palabras de Dios, se puede ser más claro y más lúcido respecto a lo que Dios quiere hacer ahora mismo, tener una nueva senda de práctica y no ser conservador de manera que toda la práctica de uno tenga el propósito de lograr el progreso en la vida. Por ejemplo, la oración de uno no tiene como propósito pronunciar algunas palabras bonitas o llorar a gritos delante de Dios para expresar la deuda propia, sino, más bien, practicar ejercitando el espíritu propio, acallar el propio corazón delante de Dios, practicar la búsqueda de la guía de las palabras de Dios en todas las cosas, hacer del corazón propio un corazón que sea atraído hacia la nueva luz cada día; no ser pasivo ni perezoso y entrar en la senda correcta de practicar las palabras de Dios” (‘Respecto a una vida espiritual normal’ en “La Palabra manifestada en carne”).
Las palabras de Dios nos muestran el camino de la práctica. Cuando oramos, debemos prestar mucha atención para hablar a Dios desde el corazón, para hablar honestamente y para confiar en Dios nuestras dificultades prácticas y nuestro estado real. Y, cuando leemos la Biblia, cantamos himnos, vamos a la iglesia o escuchamos sermones, nuestros corazones siempre deben centrarse en buscar la verdad, buscar la guía y la iluminación del Espíritu Santo, contemplando las palabras de Dios, para que podamos entender la voluntad de Dios a través de Sus palabras, conocer a Dios y tener un camino de práctica y entrada. Sólo esto es adorar a Dios en espíritu y en verdad. Si practicamos a menudo de esta manera, experimentaremos un crecimiento continuo en la vida.
2. ¿Nos dedicamos a Dios por el bien de amarlo y satisfacerlo?
Después de creer en el Señor, muchos hermanos y hermanas renuncian y gastan para el Señor y llevan a cabo sus tareas en medio de grandes adversidades. Algunos hacen donaciones frecuentes, algunos están ocupados con la difusión del Evangelio, otros dan sermones dondequiera que van, y algunos incluso abandonan sus matrimonios y sirven al Señor por el resto de sus vidas... Muchos hermanos y hermanas creen que esto es adorar a Dios en espíritu y en verdad. Pero, ¿alguna vez hemos considerado si pagamos este precio para amar y satisfacer al Señor? Si lo pensamos detenidamente, aunque trabajemos y prediquemos el Evangelio para el Señor, a veces todavía nos mostramos y testificamos a nosotros mismos a través de compartir la Biblia para ganar la estima y el apoyo de los demás, y para establecer nuestra propia posición e imagen. Aunque algunos hermanos y hermanas abandonan, gastan, se dedican y trabajan, poseen muchas impurezas, y hacen estas cosas por el bien de obtener recompensas y coronas, y para que puedan disfrutar de las bendiciones del reino celestial... Entonces podemos ver que pagamos un precio y no nos dedicamos con un corazón sincero por consideración a la carga de Dios y para satisfacer la voluntad de Dios, sino que trabajamos, predicamos el Evangelio, entregamos las cosas y nos dedicamos para satisfacer nuestros propios deseos egoístas, y luchamos por nuestro propio futuro y posiciones. Esto no es adorar a Dios en espíritu y en verdad. Pagar un precio y depender de esta manera es negociar con Dios, y no puede ganar la aprobación del Señor. El Señor Jesús dijo: “Muchos me dirán en aquel día: «Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?». Y entonces les declararé: «Jamás os conocí; apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad»” (Mateo 7:22-23). El Señor condenó a las personas que predicaban y trabajaban para Él como personas que trabajaban en la iniquidad. Esto se debió a que no adoraban a Dios en espíritu y en verdad, ni se ofrecían sinceramente por Dios. En cambio, deseaban trabajar por el Señor a cambio de recompensas y bendiciones. Lucharon y trabajaron por el bien de sus propios destinos finales, y por la fama, la fortuna y el estatus. En última instancia, no sólo no ganaron la aprobación del Señor por el precio que pagaron, sino que, por el contrario, fueron condenados por el Señor. Tomemos como ejemplo a los fariseos de la época. Durante generaciones, leyeron la Escritura y asistieron al templo con todos los climas para adorar a Jehová Dios. Viajaron por tierra y mar para difundir el evangelio de Jehová, se entregaban al renunciar a sus familias y negocios, y sufrieron mucho. Pero nada de lo que hicieron se hizo por amor a Dios o satisfacer a Dios, sino que se hizo por el bien de sus propias posiciones y medios de vida. Cuando el Señor Jesús vino a realizar Su obra, sabían perfectamente que las obras y las palabras del Señor Jesús poseían autoridad y poder, y que todo provenía de Dios, pero que no buscaban ni investigaban en absoluto. En cambio, definieron al Señor de acuerdo con sus propias nociones e imaginaciones, creyendo que un hombre que no era llamado Mesías no podía ser Dios. En particular, cuando vieron el creciente número de personas comunes que seguían al Señor Jesús, tuvieron miedo de que ya nadie los siguiera, y de que sus posiciones y medios de vida fueran insostenibles. Y así, aprovechaban todas las oportunidades para atacarlo, juzgarlo, condenarlo y blasfemarlo, hasta que finalmente crucificaron al Señor Jesús. A partir de esto, podemos ver que los fariseos no adoraron a Dios en espíritu y en verdad. Parecían piadosos por fuera, pero su esencia era hipócrita y engañosa, y por lo tanto el Señor Jesús les reprendió, diciendo: “Pero, ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! [...]” (Mateo 23:13).
El Señor Jesús dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mateo 22:37). Dios requiere que persigamos el amor de Él, y que cuando gastamos para Dios y nos ocupamos trabajando por Dios, se debe hacer sobre el fundamento de amar a Dios y satisfacer a Dios. Debemos ser sinceramente considerados de la carga de Dios y satisfacer Su voluntad, libres de cualquier impureza o negociación personal, y no hacer estas cosas para obtener bendiciones o coronas, sólo esto es adorar al Señor en espíritu y en verdad. Tomemos a Pedro, por ejemplo. Después de que el Señor Jesús resucitó, le preguntó a Pedro tres veces: “[...] Simón, hijo de Juan, ¿me amas? [...] Pastorea mis ovejas” (Juan 21:16). De Su pregunta, Pedro comprendió los requisitos del Señor y la tarea que el Señor le había confiado: perseguir convertirse en alguien que amaba y satisfacía a Dios, hacer todo lo que estuviera en su poder para alimentar a las ovejas de Dios y completar la comisión de Dios. Pedro grabó la tarea que el Señor le había confiado en su corazón, y en su obra posterior, buscó aún más amar y satisfacer a Dios con todo su corazón y alma. Difundió el evangelio del Señor en todas las direcciones, y testificó las palabras y la voluntad del Señor a más personas. En su obra, exaltó y testificó al Señor en todos los sentidos, y dirigió a sus hermanos y hermanas utilizando la verdad que entendía, los llevó a todos ante el Señor y les enseñó a respetar al Señor por encima de todo. Además, cuando Pedro encontró persecución y adversidad, pudo jurar lealtad al Señor hasta la muerte, de modo que, al final, sacrificó todo lo que tenía, incluso su vida, por el Señor. Fue crucificado colgado boca abajo, dando así testimonio de su amor extremo por Dios y su voluntad de obedecer hasta la muerte. Pedro adoraba a Dios en espíritu y en verdad, se dedicó con un corazón que amaba a Dios y, al final, se convirtió en alguien que deleitaba al Señor, y a quien el Señor alabó.
De la comunión anterior, podemos ver que, si queremos adorar a Dios en espíritu y en verdad, debemos usar nuestro corazón para acercarnos a Dios, procurar entender la voluntad y los requisitos de Dios de Sus palabras, practicar las palabras de Dios en nuestra vida diaria y no aferrarnos a rituales y reglas. Al mismo tiempo, debemos ser capaces de abandonar sinceramente y dedicarnos a Dios sin pedir nada a cambio ni establecer ninguna condición, sino que debemos amar y satisfacer al Señor con todo nuestro corazón y alma. De esta manera, podemos adorar a Dios en espíritu y en verdad. Sólo practicando de esta manera podemos entender la verdad y lograr el crecimiento en nuestras vidas, y sólo entonces ganaremos la aprobación de Dios a través de la dedicación.
Traducido del original en inglés al español por Xinia Arias Quirós
Para conocer más: Cómo aprender a leer la Biblia
Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.
Fuente: Iglesia de Dios Todopoderoso
Película cristiana en español | Qué voz más hermosa
El Señor Jesús dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen” (Juan 10:27).
Pedro escuchó al Señor y recibió al Señor Jesús;
Mateo escuchó al Señor y siguió a Jesucristo;
La mujer samaritana reconoció a Cristo desde Sus palabras;
Los tres tienen una cosa en común: Reconocieron al Señor Jesús después de escuchar Su voz.
Entonces, ¿has escuchado la voz de Dios en los últimos días?
Si no, mira la película cristiana“¡Qué voz más hermosa!”, y escucha, esta voz llena autoridad y poder;
escucha, esta voz es justa y majestuosa;
escucha, este es el sonido del agua de vida que fluye del trono…
¿Qué es el arrepentimiento según la Biblia?
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¿Qué es el arrepentimiento según la Biblia?
Por Liu Shuo
Nota del editor: El Señor Jesús dijo: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17). Se puede ver que sólo aquellos que se arrepienten de verdad pueden entrar en el reino de los cielos. Muchos hermanos y hermanas piensan que mientras oren al Señor y reconozcan sus pecados, clamando con el corazón, entonces ese es el verdadero arrepentimiento. Sin embargo, algunos plantean dudas: “Aunque podamos orar al Señor y confesarnos, a menudo seguimos pecando y resistiéndonos a Él. ¿Es esto un verdadero arrepentimiento? ¿Podemos realmente ser arrebatados al reino celestial cuando el Señor regrese?” Entonces, ¿qué es el verdadero arrepentimiento? Veamos cómo estos compañeros encuentran las respuestas en una reunión de estudio de la Biblia.
Discusión sobre el verdadero arrepentimiento
En una reunión de compañeros de obra, Wang Wei, Ma Tao y Hu Zhi se sentaron comprometidos con el estudio de la Biblia.
Wang Wei sonrió y habló al grupo, diciendo: “Compañeros de obra, empecemos leyendo un par de versos de las escrituras. El Señor Jesús dijo: ‘Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado’ (Mateo 4:17). ‘El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio’ (Marcos 1:15). Podemos ver de las palabras del Señor que, si queremos entrar en el reino de Dios, debemos confesar nuestros pecados a Dios y arrepentirnos. Sin embargo, hemos creído en el Señor durante años, y aunque a menudo le confesamos nuestros pecados, todavía somos capaces de cometer pecados y vivimos dentro de un círculo vicioso de confesión y pecado. Parece que todavía no entendemos lo que es el verdadero arrepentimiento, y por lo tanto todavía no estamos libres de pecado. Por lo tanto, tener claro lo que es el verdadero arrepentimiento es extremadamente importante para nuestra posibilidad de entrar en el reino celestial. Hoy, vamos a profundizar en este tema juntos”.
Hu Zhi habló entonces con desprecio: “Creo que mientras nos presentemos de todo corazón ante el Señor Jesús, le roguemos y reconozcamos nuestros pecados, clamando con el corazón, estaremos verdaderamente arrepentidos. Mientras nos confesemos frecuentemente y nos arrepintamos de esta manera, entonces podremos obtener el perdón del Señor, y cuando Él regrese, podremos ser ascendidos al cielo”.
Wang Wei frunció un poco el ceño y respondió: “Pero hemos orado y confesado de esta manera durante tantos años, dando cuenta de nuestros pecados ante el Señor y llorando lágrimas amargas”. Pero en el momento en que nos encontramos con algo real, seguimos cometiendo pecados involuntariamente y, además, cometemos exactamente los mismos pecados una y otra vez. Me preocupa que nosotros, que a menudo vivimos en pecado, seamos abandonados y eliminados por el Señor cuando regrese”.
Ma Tao asintió y dijo: “Yo también he contemplado esto antes. Creo que llorar frecuentemente en oración y confesarse al Señor sólo demuestra que tenemos el deseo de confesarnos y arrepentirnos ante el Señor. Sin embargo, que esto constituya un verdadero arrepentimiento depende de cómo lo practiquemos y de que experimentemos o no un verdadero cambio. Por ejemplo, cuando un ladrón es sorprendido robando algo, confesará su ofensa y prometerá no volver a robar nunca más cosas que pertenezcan a otras personas. Pero esto no demuestra que realmente haya pasado página y que no volverá a robar nunca más. La mayoría de las veces, para evitar asumir la responsabilidad temporal de su delito y evitar el castigo legal, no tiene otra opción que admitir su delito, pero esto no significa que no quiera volver a robar en el futuro. Si es capaz de abstenerse de robar bajo cualquier circunstancia, entonces esto es lo único que probará que realmente se arrepiente. ¿No somos así también? Aunque a menudo confesamos nuestros pecados al Señor y nuestra actitud confesional parece sincera, después de un tiempo cometemos pecados de la misma manera, y no aborrecemos nuestros pecados ni los despreciamos en lo más mínimo. Orar y confesarse de esta manera es, en realidad, tratar de engañar a Dios, y lo hacemos para evadir la disciplina temporal de Dios, y para buscar el consuelo y el perdón del Señor. Y sin embargo no hacemos planes para cambiarnos completamente, así que ¿cómo puede ser esto un verdadero arrepentimiento?”
Ejemplos de arrepentimiento en la Biblia
Wang Wei escuchó con atención la comunión de Ma Tao, y pensó por un momento. Luego dijo: “Habiendo escuchado la enseñanza del hermano Ma, el rey David de repente viene a mi mente. Para tomar por la fuerza a Betsabé para sí mismo, David planeó hacer matar a Urías, y cometió adulterio y asesinato. Jehová Dios envió al profeta Natán para que hablara con David, para que le hiciera saber los pecados que había cometido y que sería castigado. Desde entonces, la espada nunca se apartaría de su casa. David sabía que había violado los mandamientos proclamados por Dios y había ofendido el carácter de Dios. Después de darse cuenta de sus malas acciones, David se arrepintió enormemente y aborreció los pecados que había cometido, por lo que oró sinceramente a Dios, confesó sus pecados y se arrepintió. Cuando envejeció, a David le disgustaba mucho el frío, por lo que sus asistentes eligieron a una chica virgen para calentarle la cama, pero David no tuvo relaciones sexuales con ella. Por el asunto del arrepentimiento de David, podemos ver que poseía un corazón temeroso de Dios, y que no sólo sentía verdadero arrepentimiento y aborrecimiento por sus pecados, sino que también experimentó un cambio real, y sólo esto es una expresión de verdadero arrepentimiento”.
Ma Tao asintió con la cabeza y dijo: “Sí, y el testimonio del verdadero arrepentimiento de la gente de Nínive hacia Dios también está registrado en la Biblia. Cuando el rey de Nínive escuchó al profeta Jonás transmitiendo las palabras de Dios, diciendo: ‘Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada’ (Jonás 3:4), lo creyó y obedeció. Dejó a un lado su estatus de rey, se quitó sus ropas de rey y llevó a la gente de la ciudad de Nínive a confesarse y arrepentirse ante Dios, cubriéndose de cilicio y sentándose sobre ceniza, tal como está registrado en las Escrituras: ‘Cuando llegó la noticia al rey de Nínive, se levantó de su trono, se despojó de su manto, se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por decreto del rey y de sus grandes, diciendo: Ni hombre ni bestia, ni buey ni oveja prueben cosa alguna; no pasten ni beban agua, sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios con fuerza, y vuélvase cada uno de su mal camino y de la violencia que hay en sus manos. ¡Quién sabe! Quizá Dios se vuelva, se arrepienta y aparte el ardor de su ira, y no perezcamos’” (Jonás 3:6-9).
En ese momento, Wang Wei dijo emocionado: “Hablando del arrepentimiento del pueblo de Nínive, recientemente leí un pasaje en un libro que se relaciona precisamente con este asunto. Déjame leértelo”.
Wang Wei sacó un cuaderno de su bolso, lo hojeó hasta encontrar la página que buscaba, y luego leyó: “Después de oír la declaración de Dios, el rey de Nínive y sus súbditos llevaron a cabo una serie de acciones. ¿Cuál fue la naturaleza de sus acciones y su conducta? En otras palabras, ¿cuál fue la esencia de la totalidad de su conducta? ¿Por qué hicieron lo que hicieron? En los ojos de Dios se habían arrepentido sinceramente, no sólo porque habían hecho fervientes ruegos a Dios y confesado sus pecados delante de Él, sino también porque habían abandonado su conducta malvada. Actuaron de esta forma porque después de oír las palabras de Dios, se asustaron increíblemente y creyeron que Él haría lo que dijo. Ayunando, vistiendo de cilicio y sentándose sobre cenizas, deseaban expresar su disposición a reformarse de sus caminos y refrenar su maldad, y oraron para que Jehová Dios contuviese Su enojo, rogaron a Jehová Dios para que se retractase de Su decisión y la catástrofe que se cernía sobre ellos. Si examinamos todo su comportamiento se puede ver que ya entendieron que sus actos malvados anteriores eran detestables para Jehová Dios y vemos también que entendieron la razón por la que Él los destruiría pronto. Por este motivo, todos deseaban alcanzar un completo arrepentimiento, alejarse de sus malvadas sendas y abandonar la violencia en sus manos. En otras palabras, una vez conocieron la declaración de Jehová Dios, todos y cada uno de ellos sintió miedo en su corazón; ya no continuaron con su conducta malvada ni cometiendo esos actos que eran tan aborrecidos por Jehová Dios. Adicionalmente, rogaron a Jehová Dios que perdonase sus pecados pasados y que no los tratase de acuerdo a sus acciones pasadas. Estaban dispuestos a no involucrarse más en la maldad y actuar según las instrucciones de Jehová Dios, si así fuera posible nunca más enfurecer a Jehová Dios. Su arrepentimiento fue sincero y profundo. Provino del fondo de sus corazones y no fue fingido ni pasajero” (De “Dios mismo, el único II”).
Nueva inspiración sobre el verdadero arrepentimiento
Wang Wei entonces dio la comunión, diciendo: “Podemos ver en este pasaje que el verdadero arrepentimiento no es sólo admitir nuestros pecados y malas acciones. También debemos saber cuál es la actitud de Dios hacia nuestros pecados, y también debemos entender la esencia y el daño de nuestros pecados. Sólo de esta manera puede surgir en nosotros la verdadera reverencia y el temor a Dios, sentiremos el verdadero arrepentimiento y el aborrecimiento desde el fondo de nuestros corazones por nuestros pecados, ya no caminaremos por el mismo viejo camino como siempre lo hemos hecho, y comenzaremos a hacer un cambio y a convertirnos en nuevas personas; sólo esto es el verdadero arrepentimiento. Como la gente de Nínive, por ejemplo. Se dieron cuenta de que sus actos malvados habían ofendido el carácter de Dios, y sabían que, si no se arrepentían, serían destruidos por Dios. Por lo tanto, todos vistieron de cilicio y se sentaron sobre cenizas para arrepentirse ante Dios desde el rey más alto hasta el plebeyo más bajo. Comenzaron a arrepentirse completamente de sus fechorías y ya no harían el mal ni desafiarían a Dios. Su arrepentimiento fue verdadero, y surgió desde el fondo de sus corazones. ¿Y qué hay de nosotros? Aunque decimos que a menudo vamos ante Dios para arrepentirnos y confesarnos, esto es sólo una confesión verbal, y no es el aborrecimiento o el desdén por nuestros pecados lo que sentimos desde el fondo de nuestros corazones. Cuando nos encontramos con problemas, todavía nos preocupamos sólo por nuestros propios intereses, actuamos bajo el control de nuestra naturaleza pecaminosa interior, codiciamos los placeres del pecado y no sufrimos ningún cambio real. Este tipo de arrepentimiento es sólo un reflejo y está totalmente en desacuerdo con la voluntad de Dios. Dios escudriña el corazón del hombre y el hombre no puede engañar a Dios. Sólo a través del verdadero arrepentimiento podemos ganar la misericordia y la gracia de Dios”.
Ma Tao dijo entonces con sinceridad, “Gracias a la guía de Dios que ahora entendemos claramente lo que es el verdadero arrepentimiento. Con el pecado, el hombre no puede entrar en el reino de los cielos. El Señor Jesús dijo: ‘En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado; y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí permanece para siempre’ (Juan 8:34-35). Y también dice en otra parte de la Biblia: ‘[...] la santidad, sin la cual nadie verá al Señor’ (Hebreos 12:14). Dios es justo y santo, y el reino de los cielos no permite que nadie que aún sea capaz de cometer pecados entre en él. No importa lo bien que alguien se arrepienta verbalmente, no puede ganar la alabanza de Dios. Sólo desechando la naturaleza pecaminosa de uno y siendo capaz de ser absolutamente obediente y devoto a Dios puede uno estar calificado para entrar en el reino de los cielos. Aunque hemos creído en el Señor durante muchos años, no reverenciamos a Dios en nuestros corazones en absoluto y no tememos a Dios. En cambio, creemos que el Señor es amoroso y misericordioso y que, cuando cometemos un pecado, todo lo que tenemos que hacer es confesar y arrepentirnos ante el Señor para que nuestros pecados sean perdonados, para que Dios no se acuerde de nuestras transgresiones y para que seamos arrebatados al reino celestial cuando el Señor regrese. A través de nuestra comunión, finalmente me he dado cuenta de que nuestra fe es tan confusa. Somos como mendigos que sólo saben extender las manos al Señor y pedir cosas, y sin embargo no entendemos cómo apreciar la preocupación de Dios y la pena que siente en Su corazón por nosotros viviendo en pecado y sin pensar en el arrepentimiento, y también nos falta la resolución y determinación de distanciarnos del pecado. Parece ahora que, si somos incapaces de temer a Dios y de evitar el mal, entonces no podremos arrepentirnos verdaderamente, y nuestra espera de que el Señor venga a llevarnos al reino de los cielos es sólo un sueño ocioso. No podemos seguir creyendo en Dios confiando en nuestros propios conceptos e imaginaciones erróneas, ¡porque eso es demasiado peligroso! Debemos concentrarnos en practicar la verdad y buscar el cambio, porque sólo eso concuerda con la voluntad de Dios”.
Solo aceptando la obra de juicio en los últimos días, podrán lograr el verdadero arrepentimiento
Wang Wei continuó: “Recientemente, tuve una reunión con un hermano sobre las condiciones para nuestra entrada en el reino celestial. Él dijo, ‘El Señor Jesús profetizó: “El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final” (Juan 12:48). “Y cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8). Aunque nuestros pecados son perdonados cuando aceptamos la salvación del Señor Jesús, nuestra naturaleza pecaminosa sigue estando profundamente arraigada en nosotros y todavía somos capaces de cometer pecados involuntariamente y desafiar a Dios; hasta que no podamos deshacernos de las ataduras del pecado, no mereceremos entrar en el reino de los cielos. Cuando el Señor regrese, realizará la etapa de la obra de juzgar y purificar al hombre con palabras, y si queremos entrar en el reino de Dios, entonces debemos aceptar la obra de juicio del Señor cuando regrese en los últimos días, reconocer nuestra naturaleza pecaminosa, ser capaces de aborrecernos verdaderamente y abandonar nuestra carne, practicar las palabras de Dios, obedecer a Dios y venerar a Dios, y desechar nuestros caracteres corruptos. Sólo así podemos ser purificados y alcanzar la salvación final de Dios”. Creo que su comunión tiene mucho sentido, así que lo traeré aquí para que se comunique con nosotros, si les parece bien a todos”.
Ma Tao dijo inmediatamente: “¡Genial! Si la obra de juicio del Señor en los últimos días puede permitirnos ser purificados y lograr un verdadero arrepentimiento, entonces tenemos esperanza de entrar en el reino de los cielos. ¡Somos realmente tan afortunados! Hermano Wang, será mejor que te des prisa y traigas a ese otro hermano aquí para que se una a nosotros”.
Wang Wei sonrió mientras decía, “Bien, iré a buscarlo mañana…”.
Recomendación: Cómo aprender a leer la Biblia
Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.
Fuente: Iglesia de Dios Todopoderoso
Señales de los últimos tiempos según la Biblia han aparecido, ¿cómo será la venida de Cristo?
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Señales de los últimos tiempos según la Biblia han aparecido, ¿cómo será la venida de Cristo?
Por Zhou Jing
Un día vi una animada discusión en línea; la gente decía que cuatro lunas de sangre apareciendo por la noche en el hemisferio occidental es una advertencia de los tiempos finales, y que los grandes terremotos son cada vez más frecuentes en todo el mundo. Pensé: “Las cuatro lunas de sangre ya han sucedido, han aparecido fenómenos celestes, los desastres ocurren con frecuencia en todo el mundo, los incidentes terroristas están aumentando, las guerras están constantemente estallando... Todas las señales muestran que básicamente las profecías del regreso del Señor se han cumplido, así que ¿por qué no lo he visto bajar en una nube para encontrarse con nosotros? ¿Es que el Señor aún no ha regresado o que ha regresado, pero yo no lo he visto? ¿Cómo puedo dar la bienvenida a Su regreso?” Esta confusión apareció alrededor de mi corazón dejándome desconcertada. Tratando de obtener algo de claridad sobre este tema, comencé a orar y orar al Señor, pidiéndole que me ilumine y me guíe para que pueda dar la bienvenida a Su regreso y no ser abandonada por Él.
Después de un período de tiempo, la hermana Gan, a quien no había visto en unos meses, vino a verme; sabía que esto fue arreglado por el Señor. La hermana Gan había estado trabajando para el Señor durante varios años y era una persona reflexiva y perspicaz. Pensé que podría resolverme este problema, así que dije, “Hermana Gan, hay algo en lo que estoy un poco confundida y que me gustaría entender. Está registrado en la Biblia: ‘Y entonces verán al Hijo del Hombre que viene en una nube con poder y gran gloria’ (Lucas 21:27). ‘He aquí, viene con las nubes y todo ojo le verá, aun los que le traspasaron; y todas las tribus de la tierra harán lamentación por Él; sí. Amén’ (Apocalipsis 1:7). Dice que cuando el Señor venga, descenderá sobre una nube con gran gloria y poder; aparecerá abiertamente y todos podrán verlo. Por lo tanto, siempre hemos estado esperando a que venga en una nube para llevarnos al cielo. En todo el mundo ahora hay desastres constantes, terremotos, hambrunas y frecuentes brotes de guerras, además de muchos fenómenos celestes. Todas las señales muestran que las profecías del regreso del Señor se han cumplido básicamente, así que ¿por qué es que todavía no lo hemos visto bajar sobre una nube para arrebatarnos? ¿Qué está pasando realmente?”
La hermana Gan escuchó lo que tenía que decir, lo pensó un poco y luego dijo: “Esta pregunta tuya es algo que todos los que esperamos dar la bienvenida a la segunda venida del Señor queremos entender. Si queremos dar la bienvenida a Su regreso, primero tenemos que saber cómo vendrá realmente el Señor en los últimos tiempos, ¡esto es crucial! De hecho, hay profecías en la Biblia sobre otra manera en que el Señor vendrá, no sólo viniendo en una nube como usted mencionó. Por ejemplo, está Apocalipsis 16:15: ‘He aquí, vengo como ladrón’. Y en Apocalipsis 3:3 se dice: ‘[...] si no velas, vendré como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti’. O en Mateo 24:44: ‘Por eso, también vosotros estad preparados, porque a la hora que no pensáis vendrá el Hijo del Hombre’. Estas profecías afirman que vendrá en secreto, como un ladrón, y nadie lo sabrá. Hermana, eche un vistazo a las escrituras, nosotros acabamos de hablar de eso: En algunos lugares se dice que el Señor regresará abiertamente en una nube, en algunos lugares se dice que vendrá en secreto y nadie lo sabrá. ¿Alguna vez hemos pensado en esto? ¿Por qué las profecías sobre el regreso del Señor, dirían cosas diferentes?”
No entendí lo que ella dijo, y pensé: “Así es. Apocalipsis 1:7 dice: ‘He aquí, viene con las nubes y todo ojo le verá, aun los que le traspasaron’; pero Apocalipsis 16:15 dice: ‘He aquí, vengo como ladrón’. ¿Qué significa eso? ¿Cómo vendrá realmente el Señor?”
Confundida, le respondí a la hermana Gan: “Algunas de estas profecías dicen que el Señor bajará abiertamente, mientras que otras dicen que vendrá en secreto. Parecen ser contradictorias, pero sé que no hay agujeros en las palabras del Señor y es que no entiendo esto ahora. Por favor, comparta un poco de comunión conmigo en esto”.
Sonriendo, la hermana Gan dijo: “El Señor es fiel y estas profecías se cumplirán, llegarán a su fin. Aunque parecen estar en conflicto, no lo están en absoluto. ‘Como ladrón’ dice que el Señor regresará en secreto, y ‘viene con nubes’ se refiere a Él que viene abiertamente. Es decir, cuando regrese, primero vendrá en secreto, y después de eso aparecerá abiertamente”.
“Primero en secreto y luego abiertamente!” Exclamé con sorpresa.
“Sí, cuando el Señor regrese, primero vendrá en secreto encarnando como el Hijo del hombre, y luego una vez que haya terminado esa obra vendrá en una nube y aparecerá abiertamente a todos los pueblos de todas las naciones”, explicó pacientemente.
Le dije con entusiasmo: “¿Así que se encarnará como el Hijo del hombre primero, viniendo en secreto, y luego aparecerá en una nube? Es la primera vez que he oído hablar de eso!
La hermana Gan sonrió y dijo: “¡Echemos un vistazo a más versículos de las Escrituras y entonces lo entenderán! El Señor Jesús dijo: ‘Porque así como el relámpago sale del oriente y resplandece hasta el occidente, así será la venida del Hijo del Hombre’ (Mateo 24:27). ‘Porque como el relámpago al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro extremo del cielo, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero primero es necesario que Él padezca mucho y sea rechazado por esta generación’ (Lucas 17:24-25). Estos versículos mencionan ‘el Hijo del hombre’ y ‘la venida del Hijo del hombre’. El ‘Hijo del hombre’ nace de una persona, posee una humanidad normal, y come, usa ropa, vive y actúa como una persona normal; se parece a una persona normal por fuera. Sin embargo, posee una esencia divina, es capaz de expresar la verdad y realizar la obra para salvar a la humanidad. Es igual que el Señor Jesús fue llamado ‘el Hijo del hombre’ porque era el Espíritu de Dios realizado en la carne, y aunque desde el exterior parecía normal, regular, esa carne era Dios en esencia y poseía la divinidad plena. Por eso el Señor Jesús era Cristo, era Dios mismo. Es por lo que el Señor Jesús mencionó ‘el Hijo del hombre’ y ‘La venida del Hijo del hombre’. Todo eso se refería a que Dios regresaba en los últimos tiempos en la carne. La Biblia también dice: ‘Pero primero es necesario que Él padezca mucho y sea rechazado por esta generación’. Todos sabemos que sólo cuando Dios se viste en la carne como el Hijo del hombre y viene entre la humanidad en secreto, la gente no lo reconoce como Dios; toman al Hijo del hombre encarnado como una persona normal, y es por eso por lo que rechazan, calumnian y juzgan a Dios, e incluso se rebelan contra Dios en la carne y se oponen a Él. Es por eso que Dios ‘sufrirá muchas cosas’. Al igual que cuando el Señor Jesús apareció y obró estando en la carne, Él sufrió rechazo, calumnia, burla, blasfemia y condenación de la humanidad y finalmente fue clavado en la cruz. Si el Señor bajara sobre una nube y se apareciera abiertamente a la gente cuando volviera, todos lo verían, temblarían de miedo y se postrarían ante Dios en adoración. Nadie se atrevería a rebelarse ni oponerse a Dios. Entonces, ‘‘Pero primero es necesario que Él padezca mucho y sea rechazado por esta generación’, ¿cómo cumplirse? Así que podemos estar seguros de que el regreso del Señor será primero en secreto, en la carne, y después de eso aparecerá abiertamente en una nube”.
Después de escuchar lo que tenía que decir, lo reflexioné en mis adentros. “Así que hay una base bíblica para la afirmación de que cuando el Señor regrese, primero vendrá en secreto, y después de eso aparecerá abiertamente en una nube. ¿Cómo es que he estado leyendo la Biblia todos estos años, pero nunca descubrí que regresaría de dos maneras diferentes? ¡Waw! Pero ¿por qué primero se haría carne y vendría en secreto, y luego aparecería abiertamente? ¿De qué se trata? Tengo que preguntar. Entonces dije: “Hermana Gan, de su comunión he entendido que el regreso del Señor primero será en secreto y luego aparecerá abiertamente, y tomándolo de esta manera, las profecías bíblicas ya no parecen estar en conflicto. Pero realmente no entiendo por qué primero vendría en secreto y luego aparecería abiertamente. ¿Cuál es la voluntad del Señor en esto?”
La hermana Gan respondió: “La verdad es que Dios primero se hace carne y realiza Su obra en secreto y luego aparece abiertamente en los últimos tiempos, esto es enteramente lo que se requiere para Su obra, y es algo que nosotros, seres humanos corruptos, también necesitamos. Creemos en el Señor y que hemos sido redimidos por el Señor Jesús; nuestros pecados han sido perdonados. Sin embargo, nuestra naturaleza pecaminosa todavía está profundamente arraigada y no podemos evitar pecar con frecuencia, o incluso hacer cosas para rebelarse contra Dios u oponerse a Él. Es un hecho innegable. Jehová Dios dijo: ‘[…] seréis, pues, santos porque yo soy santo’ (Levítico 11:45). Y en Hebreos 12:14 dice: ‘[…] y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor’. Personas como nosotros que están constantemente pecando y luego confesando son absolutamente indignos de ver el rostro del Señor, y no estamos calificados para entrar en el reino de los cielos. Es por eso que el Señor Jesús pronunció la profecía hace mucho tiempo: ‘Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir’ (Juan 16:12-13). ‘El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final’ (Juan 12:48). También está Apocalipsis 2:7: ‘El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios’. Lo que entendí de estas profecías es que cuando el Señor venga en los últimos tiempos, expresará más palabras y hará la obra de juicio que comienza con la casa de Dios. Vendrá a transformar, purificar y salvar a la humanidad y rescatarnos completamente del dominio de Satanás. Su obra de los últimos tiempos también incluirá la separación de las personas de acuerdo con su especie — Revelará a los verdaderos y falsos creyentes, el trigo y la cizaña, las ovejas y las cabras, separando a todos de acuerdo con su especie, y entonces recompensará el bien y castigará el mal. Durante el período de tiempo que Dios está obrando en secreto, aquellos que acepten la obra de juicio de Dios serán arrebatados ante el trono de Dios. Experimentarán el juicio y el castigo de las palabras de Dios y obtendrán un verdadero conocimiento de su propia naturaleza satánica y la raíz de su resistencia a Dios. También llegarán a tener comprensión del carácter justo de Dios que no tolerará ninguna ofensa. Sus caracteres corruptos serán purificados y transformados gradualmente; pisarán el camino de buscar la verdad y ser plenamente salvados por Dios. Sin embargo, aquellos que nunca buscan la aparición de Dios durante Su período realizando Su obra en secreto o incluso rechazan y condenan la obra y las palabras de Dios serán aquellos expuestos como no creyentes, como los malvados en la obra de Dios de los últimos tiempos. Cuando la obra secreta de Dios haya llegado a su fin, lloverá grandes desastres para comenzar a recompensar el bien y castigar el mal, y luego después de estos desastres se aparecerá públicamente a todos los pueblos. Cuando los que rechazaron y se opusieron a Dios ven que el que estaban rechazando y oponiéndose verdaderamente fue el Señor Jesús retornado, llorarán y rechinarán sus dientes. Esto cumple estas palabras del Señor: ‘He aquí, viene con las nubes y todo ojo le verá, aun los que le traspasaron; y todas las tribus de la tierra harán lamentación por Él; sí. Amén’ (Apocalipsis 1:7). De esto podemos ver que la obra de Dios está llena de sabiduría, y esto es también una expresión del carácter justo de Dios”.
Escuchar esta comunión de la hermana Gan iluminó mi corazón considerablemente; me di cuenta de que así es como se cumplirán las profecías del regreso del Señor. Cuando el Señor regrese, primero se hará carne y vendrá en secreto para expresar la verdad, hacer la obra de juicio y hacer un grupo de vencedores; sólo después de eso se le mostrará abiertamente a la humanidad. Cualquiera que no acepte la obra de Dios durante Su período de obra en secreto, y el que sólo quiera juzgar y condene la obra y las palabras de Dios es alguien que odia la verdad y sólo puede caer en el desastre y ser castigado cuando Dios aparezca abiertamente. Dios también utilizará este método para exponer el trigo y la cizaña, las ovejas y las cabras, los siervos buenos y malos, separando a todas las personas de acuerdo con su especie. ¡Dios es tan sabio, tan todopoderoso! Nunca entendí cómo iba a venir el Señor, pero sólo sabía mirar estúpidamente las nubes en el cielo esperando que el Señor cayera sobre una de ellas. Nunca busqué ni medité en todas las profecías acerca de Su segunda venida, por lo que pasé por alto las profecías acerca de que el que venía en secreto. ¡Eso fue tan peligroso! ¡Si hubiera seguido esperando así no sólo habría sido incapaz de acoger al Señor, sino que habría perdido mi oportunidad de ser completamente salvo por Dios y entrar en el reino de los cielos! Esto me hizo sentir un poco ansiosa, así que me apresuré a preguntar: “Hermana Gan, entonces, ¿qué debemos hacer para encontrar la obra del Señor cuando venga en secreto, y dar la bienvenida a Su regreso?”
Ella sonrió y dijo: “Acabamos de ver lo que se profetiza en la Biblia que cuando el Señor regrese en los últimos tiempos pronunciará más palabras y hará la obra de juzgar y limpiar a la humanidad. Así que la clave para dar la bienvenida a Su segunda venida es aceptar Sus palabras de los últimos tiempos y mantenerse al día con la nueva obra de Dios. El Señor Jesús dijo: ‘Pero a medianoche se oyó un clamor: «¡Aquí está el novio! Salid a recibirlo»’ (Mateo 25:6). ‘Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen’ (Juan 10:27). Las ovejas de Dios son capaces de escuchar la voz de Dios; todos aquellos que escuchen las declaraciones de Dios y de ellos sean capaces de reconocer Su voz podrán acoger la aparición del Señor. Es como los discípulos del Señor Jesús, Pedro, Juan, Mateo y los demás. Cuando escucharon los sermones del Señor Jesús sobre el evangelio del reino de los cielos, pudieron determinar de Su obra y palabras que era el Mesías que habían esperado, y así lo siguieron sin vacilar. Eran vírgenes sabias. Si queremos dar la bienvenida a la segunda venida del Señor, también tenemos que ser vírgenes sabias, centrándonos en escuchar Su voz. Si escuchamos a alguien decir que el Señor ya ha regresado, que ha pronunciado nuevas palabras y está haciendo la obra de juzgar y purificar a la humanidad, no podemos perder tiempo en examinarla. Mientras podamos confirmar que es obra y palabras de Dios, debemos aceptarla y someternos a ella. De esa manera podremos acoger el regreso del Señor y asistir a la fiesta con Él”.
Al escuchar la comunión de la hermana Gan, respondí con entusiasmo: “¡Gracias al Señor! Ahora sé que la clave para acoger la segunda venida del Señor está en ser una virgen sabia y tener cuidado de escuchar la voz de Dios. Mientras pueda confirmar que Dios pronuncia palabras, debo apresurarme a aceptar esto, esa es la única manera de dar la bienvenida a Su regreso. Hermana Gan, sólo han pasado unos meses desde que la vi. ¿Cómo has llegado a entender tanto rápidamente?”
Ella dijo felizmente: “¡Gracias al Señor! Todo lo que he hablado hoy sólo lo llegué a entender después de leer un libro determinado. Traje una copia conmigo hoy. ¿Qué tal si lo echamos un vistazo juntos?”
Emocionada, asentí y dije: “¡Maravilloso!”
(Traducido del original en inglés al español por Xinia Arias Quirós)
Los desastres son más y más graves, las señales del fin del mundo han aparecido. Cada vez más creyentes en el Señor han comenzado a intuir que se acerca el día de la venida del Señor y que el reino de Dios está a punto de llegar. El Señor Jesús dijo en una ocasión: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17). Esto es lo que el Señor nos pide a cada uno de nosotros. Solo si nos arrepentimos de verdad seremos protegidos por Dios y llevados al reino celestial antes de la gran tribulación. Entonces, ¿qué es el verdadero arrepentimiento y cómo podemos alcanzarlo? Puede hacer clic en los siguientes medios de contacto para discutir en línea y contactarnos.
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Fuente: Iglesia de Dios Todopoderoso
¿Cómo aprender a leer la Biblia y entenderla?
Xiao Xiao (Francia)
La lectura de la Biblia es una obligación diaria para los cristianos, además de indispensable en la senda hacia la verdad y la madurez en la vida espiritual. El Señor Jesús dijo: “Escrito está: ‘No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’” (Mateo 4:4). Es evidente que leer las palabras de Dios con frecuencia y valorarlas con el corazón es obligación de todo cristiano, pero ¿cómo debemos leer la Biblia para recibir la guía del Espíritu Santo y lograr resultados positivos? Esta es una cuestión de suma importancia para nosotros. Es probable que todos hayamos leído la Escritura de la siguiente manera. A veces somos capaces de recibir el esclarecimiento y la guía de Dios y de entender Su voluntad y Sus exigencias; nuestro espíritu se conmueve y tenemos fe y determinación para practicar las palabras de Dios en la vida diaria. Cada vez nos gusta más asistir a reuniones, orar y leer la Escritura y durante ese tiempo, además, maduramos en la vida espiritual. Sin embargo, algunas veces no disfrutamos la lectura de la Biblia y no percibimos el esclarecimiento ni la iluminación del Espíritu Santo. Sólo entendemos el significado literal de los pasajes bíblicos y nos falta sentido de la voluntad y las exigencias de Dios; no sabemos defender las palabras de Dios en la vida diaria y no maduramos espiritualmente. En ocasiones puede que hasta nos entre sueño leyendo la Biblia y cada vez tengamos menos ganas de hacerlo, de asistir a reuniones y de orar. Esto puede ser muy confuso. Si leemos la Biblia como siempre, ¿por qué se dan dos resultados totalmente distintos? ¿Cómo podemos leer la Biblia para obtener resultados positivos? A fin de recibir luz a partir de la lectura de la Biblia, comprendiendo estos tres principios podemos acercarnos más a Dios y recibir Su esclarecimiento y guía con facilidad.
1. Al leer la Biblia, es imprescindible sosegar el corazón ante Dios para recibir el esclarecimiento y la guía del Espíritu Santo.
Aunque perseveremos en la lectura diaria de la Biblia a una hora fija, si no sosegamos el corazón ante Dios durante ese tiempo, simplemente leeremos la Biblia mientras pensamos en cómo ocuparnos de los asuntos familiares o laborales. Esa manera de leer la Escritura se limita a seguir una norma y llevar a cabo un ritual. En tal caso, es probable que lo hagamos mecánicamente y alcancemos una comprensión superficial; de ningún modo podremos recibir esclarecimiento del Espíritu Santo, no adquiriremos nueva luz y, naturalmente, ya no tendremos gozo espiritual. Especialmente en una época tan acelerada, las ocupaciones laborales y las complicadas relaciones interpersonales nos dejan exhaustos de cuerpo y mente, así que, cuando leamos la Escritura, debemos tener todavía más en cuenta el sosiego ante Dios y meditar con esmero Sus palabras. Esta es la única vía para recibir esclarecimiento y guía del Espíritu Santo.
Dice la palabra de Dios: “Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que le adoren” (Juan 4:23). “Acallar el corazón en presencia de Dios es el paso más crucial para entrar en Sus palabras. […] Solo después de que las personas son capaces de estar en paz delante de Dios, el Espíritu Santo puede tocarlas y las puede esclarecer e iluminar, y solo entonces pueden tener comunión verdadera con Dios y pueden entender Su voluntad y la guía del Espíritu Santo” (“Acerca de acallar el corazón delante de Dios”). En las palabras de Dios comprobamos que Él nos exige que lo adoremos con honestidad de espíritu. Si deseamos ser movidos por el Espíritu Santo y conseguir resultados positivos de la lectura de la Biblia, debemos sosegarnos ante Dios, meditar con esmero Sus palabras y escuchar Su guía, pues el tiempo que pasamos leyendo la Escritura es también el tiempo que tenemos para acercarnos a Dios, adorarlo y entender verdades de la Escritura. Sólo si veneramos a Dios de corazón, nos volcamos de todo corazón en Sus palabras y buscamos y meditamos sinceramente podemos recibir esclarecimiento y orientación del Espíritu Santo, ser movidos por Él y comprender el sentido de las palabras de Dios. Por tal motivo, antes de leer la Biblia debemos encontrar un lugar tranquilo y evitar a las personas, circunstancias o cosas que puedan distraernos. Debemos hacer una oración antes de empezar, sosegar deliberadamente el corazón ante Dios y pedirle que nos guíe para que entendamos la verdad de Sus palabras. Cuando nos volcamos de todo corazón en las palabras de Dios podemos recibir Su esclarecimiento y guía, y no sólo podemos comprender Su voluntad y Sus exigencias, sino también aprender nuevas perspectivas y conocimientos sobre Sus palabras. Cuanto más practiquemos esto, más oportunidades tendremos de ser movidos por el Espíritu Santo al leer la Escritura y seremos capaces de descubrir qué podemos hacer para cumplir la voluntad de Dios. Entonces maduraremos en la vida espiritual con mayor rapidez.
2. No leas por leer: elige pasajes acordes a tus problemas y dificultades reales.
En primer lugar, hemos de saber que leer la Biblia no implica seguir una norma ni llevar a cabo una tarea. Se trata, más bien, de resolver nuestros problemas y dificultades de carácter práctico para tener un sendero de práctica en nuestra vida diaria. Sin embargo, estamos sujetos a error en la lectura de la Biblia; a veces nos limitamos a seguir las normas y pasar de un capítulo a otro, de un versículo a otro, o leemos cualquier página a la que llegamos sin rumbo. Leer la Escritura así, sin ningún objetivo, no da resultados positivos. Es como si un enfermo intenta tratar su enfermedad: no puede esperar una mejoría tomándose cualquier medicamento, sino que primero tiene que entender qué ha provocado realmente la enfermedad y de qué tipo es para poder recuperar la salud con el medicamento adecuado a su patología concreta. Lo mismo sucede al leer la Escritura. La palabra de Dios dice: “Cuando comas y bebas de las palabras de Dios, deberás comparar con ellas la realidad de tu estado. Es decir, cuando descubras tus defectos en el transcurso de tu experiencia real, deberás saber encontrar una senda de práctica y dar la espalda a tus motivaciones y nociones incorrectas. Si siempre te esfuerzas por estas cosas y pones todo tu corazón en lograrlas, tendrás una senda que seguir, no te sentirás vacío y, por tanto, podrás mantener un estado normal. Solo entonces serás una persona que soporta una carga en la vida, que tiene fe” (“Práctica (7)”). Con las palabras de Dios comprendemos que debemos tener en cuenta las dificultades y los problemas que nos encontramos en nuestra vida normal y que leer las palabras de Dios selectivamente es la única vía para lograr resultados positivos. Por tanto, antes de hacer la lectura diaria de las palabras de Dios, primero hemos de pensar un poco en nuestra situación espiritual actual, en la clase de personas, circunstancias y cosas a que nos hemos enfrentado últimamente, en el aspecto de la verdad con el que guardan relación y en el tipo de práctica que debemos tener para cumplir la voluntad de Dios. Entonces podremos buscar conscientemente, para su lectura, unas palabras de Dios adecuadas a nuestras dificultades reales. Esto es así porque las palabras de Dios dejarán al descubierto nuestras motivaciones incorrectas y nuestra corrupción, lo que puede señalarnos el sendero correcto de práctica. Siempre que actuemos según las exigencias de Dios y desechemos nuestras motivaciones y perspectivas incorrectas, nuestros problemas se resolverán y nuestra situación espiritual y nuestra relación con Dios podrán ir mejorando. Incorporando nuestros problemas personales a la lectura de la Biblia podemos lograr resolver nuestros problemas prácticos.
Por ejemplo, digamos que surge un conflicto entre nosotros y nuestra familia, o nuestros hermanos y hermanas, y no somos tolerantes ni pacientes con ellos, sino que damos muestras de mal genio. Para empezar, debemos aprender a sosegarnos ante Dios, plantearnos con qué aspecto de la verdad guarda relación este problema, qué nos exige Dios, etc. Una vez que hayamos captado estas cosas, sabremos buscar en la Escritura las exigencias de Dios para que tengamos amor, tolerancia y paciencia hacia los demás. Asimismo, podremos buscar pasajes en los que Dios nos pide introspección y que no nos centremos solamente en la otra persona. También podríamos leer cómo el Señor Jesús amaba y perdonaba a la gente. Con esta clase de lectura selectiva de la Escritura podemos apreciar lo arrogantes, ofendidos, mezquinos y conflictivos que somos con los demás. Igualmente podemos reconocer que es voluntad de Dios que aprendamos a perdonar al prójimo, que nos amemos, seamos magnánimos y tolerantes unos con otros; quiere que vivamos como cristianos. Luego, si pensamos un poco en la magnanimidad y tolerancia del Señor Jesús hacia la gente, por las que lavó personalmente los pies de Sus discípulos, nos emocionaremos más todavía. Cuando conozcamos estas verdades sentiremos ganas de amar al prójimo según las exigencias de Dios y, con naturalidad, cultivaremos la tolerancia y la comprensión hacia quienes nos rodean. Veamos otro ejemplo. Cuando nos volvemos débiles y negativos mientras predicamos el evangelio y nos topamos con los impedimentos, la represión, la calumnia y el juicio de las malvadas fuerzas de Satanás, podemos leer en la Escritura pasajes acerca de cómo tener en consideración la voluntad de Dios, así como sobre el perfeccionamiento de nuestra fe a manos de Dios. También podemos mirar fragmentos acerca de la prudencia ante las fuerzas de Satanás, opuestas a Dios, mientras predicamos el evangelio. Con la lectura de estas Escrituras podemos entender mejor la voluntad de Dios, ver que somos tan frágiles que nos volvemos negativos y débiles ante los fracasos o los reveses, y que tenemos muy poca fe. Puede que esto, asimismo, nos ayude a comprender que la propagación del evangelio del reino es nuestro deber y misión obligatorios y que hemos de soportar la persecución y las dificultades para dar testimonio de la obra de Dios. De igual modo, en la Escritura podemos llegar a conocer las exigencias de Dios hacia nosotros; debemos ser prudentes al difundir el evangelio en esta era del mal y aprender a ser astutos como las serpientes e inocentes como las palomas. Cuando sepamos estas cosas tendremos fe para apoyarnos en Dios y podremos utilizar la prudencia para vencer a Satanás y seguir difundiendo el evangelio de Dios. Por ello, si leemos la Biblia selectivamente, dirigiéndonos a nuestras dificultades reales, podremos recibir con mayor facilidad el esclarecimiento y la guía del Espíritu Santo, alcanzar a entender la voluntad de Dios y tener un sendero de práctica correcto. Acto seguido, nuestra relación con Dios puede volverse más íntima; así es como se logra el mejor resultado de la lectura de la Escritura.
3. Céntrate en meditar las palabras de Dios y en entender el significado profundo de la verdad.
Muchos piensan que solamente alegran a Dios las personas que están muy familiarizadas con la Biblia y tienen muchos conocimientos bíblicos. Así, al leer la Escritura, hacemos mucho hincapié en leer y memorizar más pasajes para sabérnosla más al dedillo y de cabo a rabo. Sin embargo, no nos centramos en meditar las palabras de Dios para lograr entender de qué tratan realmente. Si lo pensamos detenidamente, tal vez nos parezca que esta práctica simplemente nos familiariza más con el texto bíblico y que llegamos a comprender algunos principios espirituales. No obstante, no entendemos las verdades inherentes a las palabras de Dios, no conocemos Su voluntad ni Sus exigencias y, en especial, nos falta verdadero conocimiento del propio Dios. Es más, en nuestra vida normal no sabemos experimentar ni practicar las palabras de Dios. De ese modo, puede que también nos volvamos cada vez más arrogantes por dominar tantos conocimientos y teorías de la Biblia. Alardeamos ante los hermanos y hermanas y nos lucimos interpretando teorías y conocimientos bíblicos; nos exhibimos para que nos admiren y adoren, y nos plantamos ante nuestros hermanos y hermanas al tiempo que tenemos una relación cada vez más distante con Dios. En lo espiritual, caemos en la oscuridad, involucionamos y no sentimos la presencia de Dios.
La palabra de Dios dice: “Cuando leía las palabras de Dios, Pedro no estaba centrado en entender las doctrinas y, menos aún, en obtener conocimiento teológico; más bien, se concentró en comprender la verdad y captar la voluntad de Dios y lograr un entendimiento de Su carácter y Su encanto. Pedro también intentó comprender los diversos estados corruptos del hombre a partir de las palabras de Dios, así como la naturaleza corrupta del hombre y sus verdaderas deficiencias, cumpliendo, así, con todos los aspectos de las exigencias que Dios le hace al hombre para que lo satisfaga. Pedro tuvo muchas prácticas correctas que se ciñeron a las palabras de Dios. Esto estuvo totalmente alineado con la voluntad de Dios y fue la mejor forma en la que una persona podía cooperar al tiempo que experimentaba la obra de Dios” (“Cómo caminar por la senda de Pedro”). Esto deja claro que, cuando Pedro leía las palabras de Dios, no se conformaba únicamente con comprender algunos conocimientos teológicos o cartas y doctrinas, sino que se esforzaba especialmente en lo que Dios exige, así como en la búsqueda y la contemplación reiteradas, y entonces captó el propósito y la voluntad inherentes a las palabras de Dios. Posteriormente, actuó conforme a las exigencias de Dios de tal modo que supo poner en práctica, con gran naturalidad, las palabras de Dios en todas las cosas y vivir la realidad de Sus palabras. La práctica de Pedro nos aporta una senda propia, práctica y viable. Las palabras de Dios son la verdad, expresión de Su carácter y de lo que Él tiene y es; todas contienen la voluntad y las exigencias de Dios. Si no las buscamos, meditamos ni percibimos detenidamente, no entenderemos nada más que doctrinas literales; desde luego, no la voluntad de Dios. Tampoco entenderemos de qué tratan realmente las palabras de Dios, por lo que, naturalmente, no podremos entrar en la realidad de las mismas. Así pues, cada vez que leamos un pasaje de ellas, debemos meditar con esmero lo siguiente: ¿Cuál era el propósito de Dios al decir esto? ¿Cuál es Su voluntad y cuáles Sus exigencias a la humanidad? ¿Qué quería que lográramos por medio de esto? ¿En qué fallo yo? ¿Cómo debo practicar y entrar en esto en mi vida real? ¿Qué puedo hacer para cumplir las exigencias de Dios? Al emprender este tipo de búsqueda y meditación, para cuando nos demos cuenta, Dios nos dará esclarecimiento y guía y nos permitirá comprender el significado profundo de Sus palabras. Tendremos algo de verdadero conocimiento del carácter y la voluntad de Dios, hallaremos un sendero de práctica y entrada y, así, entraremos paso a paso en la realidad de las palabras de Dios.
Observemos las siguientes palabras del Señor: “En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:3). “Antes bien, sea vuestro hablar: ‘Sí, sí’ o ‘No, no’; y lo que es más de esto, procede del mal” (Mateo 5:37). En las palabras de Dios vemos que Él posee una esencia de credibilidad: ama a los honestos y le disgustan los mentirosos y tramposos. Sólo los honestos pueden entrar en el reino de los cielos, mientras que los siniestros y taimados no pueden cruzar sus puertas. La oración y meditación de las palabras de Dios son la única vía para que podamos entender que Dios quiere que seamos honestos, inocentes y abiertos como niños, sin mentir de palabra y sin engaño ni falsedad de corazón. Llegados a ese punto en nuestros planteamientos, podemos pasar a la búsqueda: ¿Tenemos elementos de deshonestidad? Reflexionando sobre nuestros pensamientos y actos comprobamos que aún manifestamos mucha falsedad. En ocasiones, cuando estamos ante Dios en oración, decimos toda clase de maravillas y nos proponemos muchas cosas, pero casi nunca estamos a esa altura en la vida real. A veces hacemos algo mal y queremos reconocer el error ante otra persona, pero nos da miedo que nos desprecie, así que, para preservar nuestra imagen y reputación, decimos una media verdad y ocultamos la realidad. De vez en cuando, al comentar nuestras experiencias, estamos más que dispuestos a airear cómo ponemos en práctica las palabras de Dios, pero muy rara vez hablamos de cómo desafiamos y nos oponemos a Dios y de cuando no ponemos en práctica la verdad. A menudo aparentamos ser lo que no somos para que los demás conserven una buena imagen de nosotros. Alguna vez vemos a hermanos y hermanas que hacen cosas que no están en consonancia con la voluntad de Dios y queremos hablar con ellos, pero nos preocupa herirlos en su orgullo o nos da miedo que no acepten nuestra opinión y nos juzguen, por lo que mantenemos un ojo abierto y otro cerrado como si no supiéramos nada. Suma y sigue. Con la reflexión vemos cuánta falsedad manifestamos: en absoluto somos honestos y agradables a Dios, así que ¿cómo podría entrar alguien como nosotros en el reino de los cielos? Tras comprender estas cosas, debemos proceder a sopesar la senda hacia la honestidad en las palabras de Dios. En primer lugar, no podemos mentir de palabra, sino que debemos hablar con arreglo a la verdad. Hay que diferenciar las cosas: este es el fundamento de nuestra práctica. Pero, más que nada, es necesaria la honestidad de corazón. Este no puede albergar perversidad ni falsedad; todo cuanto decimos o hacemos está sujeto al escrutinio de Dios. No podemos mentir ni engañar para proteger nuestro estatus, reputación o imagen, sino que, ante un problema, deberíamos ser capaces de despojarnos de nuestras motivaciones incorrectas y hablar sin rodeos, con honestidad y con el corazón. Este es el primer paso hacia la honestidad. Si siempre meditamos seriamente las palabras de Dios de esta forma, procurando entender la esencia de la verdad más allá del sentido literal, comprenderemos cada vez mejor los pormenores de la verdad y, entonces, será más correcto lo que practiquemos en nuestra vida. Nos acercaremos más a la voluntad y las exigencias de Dios y nuestra práctica será más acorde a Su voluntad. Estaremos cada vez más cerca de Dios y nos sentiremos firmes, tranquilos y satisfechos en el alma.
Otro punto que cabe plantear es que, sea cual sea el aspecto que estemos leyendo de las palabras de Dios, no podemos conocerlo del todo y a fondo tras una o unas pocas lecturas. Esto siempre es un proceso. Las palabras de Dios son tan profundas que ocultan muchas verdades, por lo que no podemos tener demasiada prisa ni ansia por terminar. Debemos esforzarnos con ellas, sopesarlas y orar al respecto de manera constante y trabajar diligentemente para entender las verdades que contienen. También debemos llevarlas a la práctica en la vida diaria, reflexionándolas y entrando en ellas al mismo tiempo para que adquiramos a través de nuestras experiencias una comprensión más profunda de las verdades que contienen. Tras practicar esto durante un tiempo, podremos entender y profundizar poco a poco en la verdad, lo que nos aportará conocimiento de la misma.
Estos son los tres principios de la lectura de la Escritura. Poniéndolos en práctica podemos subsanar nuestros problemas de falta de esclarecimiento en la lectura o de ausencia de gozo espiritual, madurar en la vida espiritual y cultivar una relación de creciente cercanía con Dios. Queridos hermanos y hermanas, ¿a qué esperáis? ¡Haced la prueba!
Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.
Fuente: Iglesia de Dios Todopoderoso
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